Ubicado en pleno corazón de la isla de Manhattan. El Flatiron Building es un símbolo tan neoyorkino como la Estatua de la Libertad o el Edificio Chrysler.

Esta estructura centenaria se erige en la intersección de la Quinta Avenida y Broadway, en pleno centro de la ciudad. Su nombre oficial es Fuller Building, sin embargo, los neoyorkinos lo bautizaron, a modo jocoso, con el apodo “Flat Iron” por el parecido de su forma con el de una plancha de ropa.

Desde el momento de su culminación en 1902, el Flatiron despertó la curiosidad (y el morbo) del público y los ingenieros de la época, quienes consideraban que el lugar elegido para su emplazamiento estaba demasiado sometido a los vientos para una estructura tan esbelta y que el edificio no resistiría en pie mucho tiempo, de hecho, se hacían apuestas sobre la distancia que alcanzarían las ruinas del edificio cuando una ráfaga de viento lo arrancase de cuajo.

El solar sobre el que se alza el edificio es una manzana de forma triangular delimitado al sur por la 22nd street , al oeste por la Quinta Avenida y al este por Broadway. La acusada arista de este triángulo representó un verdadero reto para los construcción de la torre, ya que se quería aprovechar al máximo el espacio disponible. En su parte más estrecha, el Flatiron cuenta con apenas 2 metros entre muro y muro.

Si bien algunos neoyorkinos te dirán que el Fuller Building fue en su día el edificio más alto del mundo, este es un título que nunca llegó a ostentar. Sin embargo, sí que en su momento se trató de la estructura de acero más alta de su tiempo.

Con sus 22 plantas y 96 metros de altura, el Flatiron se ve actualmente empequeñecido por sus vecinos más altos, pero en su época fue el uno de los símbolos del avance arquitectónico y tecnológico de los Estados Unidos.

El estilo del Flatiron Building es beaux arts o academicismo francés, que como su nombre indica fue un movimiento de origen galo que tendría gran influencia en la arquitectura de los Estados Unidos de finales del siglo XIX y principios del XX y se basa, a grandes rasgos, en la adopción de elementos renacentistas y clásicos y en los que la simetría y la geometría cobran un protagonismo especial.

Irónicamente, este landmark tan típicamente neoyorkino es obra de un arquitecto de Chicago, Daniel Burnham, quien concibió una torre esbelta, estéticamente armoniosa y con una decoración clásica. La parte baja del edificio es de piedra caliza, mientras que las plantas superiores presentan un revestimiento de terracota blanca cuya ornamentación consiste en cabezas de león, medusas, flores de lis y motivos geométricos.

Recibido con buenos ojos por los críticos y el público, el Flatiron abrió el camino para la construcción de muchos otros rascacielos de esqueleto de acero a lo largo y ancho de la ciudad.

Aunque nunca fue el edificio más alto del mundo -ni siquiera de Nueva York-, el Flatiron sí que es uno de los más dramáticos e idealizados de la ciudad. Su popularidad entre fotógrafos y aristas ha alimentado su fama como ícono de Nueva York hasta el punto de ser constantemente empleado en infinidad de películas, anuncios de televisión y series como un símbolo fácilmente reconocible de la Ciudad que Nunca Duerme.

Sobre el autor

Me llamo Luis Cicerone. Cuando era pequeño me paseaba por casa con un atlas en la mano. Mis domingos lluviosos transcurrían memorizando mapas y capitales. A los quince años hice mi primer viaje en solitario y desde entonces viajo cada vez que puedo. Trabajo en marketing turismo en una agencia de viajes online como International Manager para el Medio Oriente y África. Me encanta la fotografía, las películas en versión original y los vídeos de gatos en Youtube.

4 Comentarios
 
  1. Ruben 23 Noviembre, 2012 at 12:52 am Responder

    Me encanta este edificio! Es de los más bonitos de Nueva York.
    Tengo unas cuantas fotos hechas justo desde el paso de peatones que hay ahí

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