Este es un post invitado por parte de Os de Enagua.me.

Formaciones rocosas en la ruta hacia el desierto

Una madrugada  fría de enero llegué a la ciudad de Uyuni, eran pasadas las 2:00 am., y recuerdo que apenas bajé del bus había filas de personas afuera de las agencias de viaje, que ofrecían sus tan buscados tours hasta el Gran Salar de Uyuni. Charlé con algunos viajeros con quienes compartí asiento en el bus y todos coincidían que sin la ayuda de un guía no se podía llegar al paraíso anhelado. Entonces, un poco indecisa me sumé al barullo.

El local estaba repleto de fotografías: desiertos, lagunas, montañas, rocas de raras formas y por supuesto el salar. Aunque la mayoría pagaba para ir y volver en un mismo día, mi inquietud por aquellos valles era más fuerte que las ganas de remojar mis pies en agua salada. Después de regatear unos minutos con la mujer de trenzas azabaches y ojos chiquititos, obtuve el pase de 3 días y 2 noches por las profundidades del altiplano boliviano.

Había leído sobre el ritual de la Pachamama, había llorado con esas historias de viajeros por Bolivia, había imaginado un país árido; lo que desconocía es que esas leyendas de libros y páginas digitales se convertirían en el inicio de un viaje místico, reflexivo y lleno de grietas. Un viaje hacia el descubrimiento de la naturaleza, sus texturas más puras y sus sonidos melancólicos.

Gran Salar de Uyuni

Gran Salar de Uyuni

Todos sabemos que el Gran Salar de Uyuni es el desierto de sal más grande del mundo, que tiene la reserva de litio más importante del mundo y, para rematar el asunto, sus 3650 msnm lo destacan como el más alto del mundo.  Pero no basta con verlo presumido en cualquier foto: estar allí, recorrerlo caminando y sentir cómo la planta de los pies se van fundiendo en esos granos de sal vírgenes son la verdadera recompensa para un amante de la naturaleza.

 Interior de una casa en Colchani

Interior de una casa en Colchani

Una ventaja del tour es que la ruta propone paradas en pueblitos y mientras otros van por souvenirs, tienes la opción de escaparte y hacer de observador curioso entre los techos de las casas. ¿Acaso lo primitivo no goza de una magia que, a veces, anhelamos? Recorriendo el altiplano, muchas preguntas pasarán por tu cabeza.

Montanas del altiplano

Montanas del altiplano

Esta ráfaga de luz me trasladó a esas escenas bíblicas que narran el génesis del universo. Tierra deshabitada, montañas altas tocando las nubes y esa sensación de que los únicos ojos que te siguen vienen de arriba, de esa luz derramada por el cielo.

Valle de las rocas

Valle de las rocas

¿Pueden estas rocas ser el molde primario de todas las figuras terrestres? Mis compañeros del tour y yo vimos desde halcones, tortugas y cabezas humanas hasta campanas y sapos. La naturaleza libre de “maquillajes innecesarios”-como el esmog, por ejemplo- es un viaje directo hacia la imaginación.

Desierto de Siloli

Desierto de Siloli

En el desierto de Siloli,  la magia la hace el sonido del viento, tan parecido al eco de un grito largo y desvanecido.

Se trata de una larga extensión que se conecta con el desierto de Atacama, en Chile, y que entre sus encantos alberga un sector de figuras de piedras muy peculiares, conocido como Salvador Dalí.

Mirador en la Laguna colorada

Mirador en la Laguna colorada

La tarde del segundo día del tour es la más especial. Después de ingresar a la Reserva Nacional de Fauna Eduardo Avaroa tienes acceso a la Laguna Colorada, un paisaje que, para mí, goza de un misticismo y encantamiento misterioso. Los ojos se te van con el aleteo de los flamencos, con el atardecer haciendo sombras de colores entre el agua rosa de la laguna.

Detalle de los geiseres Sol de manana

Detalle de los geiseres Sol de manana

El tour cierra con la visita de los Géiseres Sol de mañana, de fuerte actividad volcánica y escaleras de humo que pasan los 10 metros. Muchos de mis compañeros decían que si existía el infierno, seguro se parecía a este paisaje. Para mí, el escenario fue un viaje primitivo hacia las teorías del Big Bang, monos y dinosaurios; mi cabeza no dejaba de preguntarse ¿acaso aquí no pudo ser el origen de todo?, ¿acaso aún nos hace falta volver al inicio?
Es así, la Pachamama se nos revela en Bolivia, con tanta desnudez que puede provocarnos una sobredosis de pensamientos, dudas e impulsos.

Sobre la autora

Todos me dicen Os. Nací en un valle llamado Mérida, crecí en una selva de asfalto petrolero llamado Maracaibo y descubrí mi pasión por la escritura entre las montañas tachirenses de San Cristóbal, mientras estudiaba Comunicación Social. Desde mis 13 no puedo estar sin un cuaderno en mi mochila y desde que hice mi primer viaje, sola por Sudamérica, no imagino una vida distinta a la simbiosis que el movimiento y la palabra me permiten. Amo escribir, amo encontrar metáforas en las imágenes que registran mis ojos.

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