Puente de Carlos, Praga

Puente de Carlos, Praga

Goethe describió Praga como “la más preciosa de las joyas en la corona de las ciudades”. No tengo otro remedio que más que darle la razón al poeta alemán.

Me enamoré de Praga la primera vez que vi una foto del Puente de Carlos, con sus oscuras estatuas entre la niebla del Moldava y las agujas de sus edificios góticos alzándose al cielo en el fondo.

Visité Praga un diciembre. No nevaba, pero el frío era de esos que no se olvidan.
Las ráfagas de viento recogían la humedad fluvial y se colaban entre las fibras de mi ropa.

Por la mañana, los mercadillos navideños en las plazas de la ciudad, que durante al alba languidecían como escenarios abandonados de algún spaghetti western, empezaban a despertar para inundar el ambiente de olor a vino y mazapán.

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Las horas volaban en la Ciudad Dorada y yo no me daba cuenta.

Como es normal, en invierno la noche gana el pulso al día y antes de querer darme cuenta, la oscuridad lo había cubierto todo.

La idea detrás del madrugón y de soportar el gélido viento praguense era aprovechar la luz del sol, ver lo mejor de Praga a la luz del día.

Lo que no sabía es que Praga se crece por la noche, y la festiva ciudad navideña rápidamente se convierte en el escenario misterioso de una fantasía kafkiana.

Plaza del Stare Miasto de Praga

Plaza del Stare Miasto de Praga

Praga parece ser una ciudad que arquitectónicamente tiene todos los ingredientes para enamorarme: catedrales góticas, palacios barrocos, nouveau y decó, jardines excepcionales y el ocasional edificio brutalista herencia de los años del comunismo.

Puente de Carlos, Praga

Puente de Carlos, Praga

Casco Histórico de Praga

Casco Histórico de Praga

La capital checa fue también el hogar de Kafka. Paseando por la las lúgubres y sombrías calles medievales del centro de la ciudad, puedo atisbar la inspiración del el oscurantismo grotesco y sobrenatural de su obra.

Estatua de Smetana

Estatua de Smetana

Me suelen gustar las ciudades con tintes tenebrosos, oscuros. Praga es eso y es más. Al igual que Edimburgo, Praga tiene ese embrujo, ese halo de misterio. Es sorprendente la velocidad en la que una ciudad puede pasar de cuento de hadas a película de miedo de los años 20.

Art Decó en Praga

Art Decó en Praga

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Sobre el autor

Me llamo Luis Cicerone. Cuando era pequeño me paseaba por casa con un atlas en la mano. Mis domingos lluviosos transcurrían memorizando mapas y capitales. A los quince años hice mi primer viaje en solitario y desde entonces viajo cada vez que puedo. Trabajo en marketing turismo en una agencia de viajes online como International Manager para el Medio Oriente y África. Me encanta la fotografía, las películas en versión original y los vídeos de gatos en Youtube.

4 Comentarios
 
  1. Joan Balcells 23 Febrero, 2013 at 11:24 am Responder

    Excelente reportaje.

    Joan

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