Llegué a Caracas para pasar mi última noche en Venezuela antes de partir de vuelta a Barcelona . Durante mi estancia, tenía la intención de quedar con algunos amigos de allí para que me mostraran la ciudad, ya que la forma más segura de hacer turisteo en Caracas es acompañado por un local.

A pesar de haber arribado a la ciudad a las 8:00 am, un incidente y la inutilidad del personal de recepción del hotel Melià Caracas frustraron mis planes de conocer la zona histórica. Un plan que había hecho junto a mi amiga Adriana, editora del blog Viajaelmundo.

Tras desperdiciar la mañana entera intentando hacer entrar en razón a la jefa de la recepción del hotel (que se supone es de cinco estrellas), que se negaba a guardar mi equipaje en conserjería hasta que mi habitación estuviese lista, Adriana y yo nos tuvimos que conformar con un desayuno en un cercano centro comercial para quemar un poco de tiempo hasta la hora del check-in.

Afortunadamente había planificado por la tarde una visita guiada al campus de la UCV (Universidad Central de Venezuela), por lo que al menos tendría la oportunidad de ver “algo” en Caracas antes de irme del país. Mi amiga Maithé ejerció de cicerone y me guió por los principales edificios de la universidad, explicándome cada detalle escultórico, arquitectónico y estudiantil sobre el recinto.

A pesar de la pasión de Maithé, que es una ucevista acérrima, durante el paseo, de poco más de una hora, no podía dejar de pensar:

 

¡Qué fea es la Central!

 

A mi mente postmoderna, entrenada para atesorar la belleza clásica de ciudades como Roma o París, el conjunto de edificios brutalistas de la Central, presididos por su anaranjada Biblioteca, le parecía una sucesión aleatoria de estructuras de hormigón que poco tenían que ver con la estética.

Biblioteca de la UCV

Lo que aún no he mencionado es que el complejo fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO. Y no sólo esto, sino que es el único ejemplo de arquitectura contemporánea del país, y uno de los pocos del continente, en contar con esa designación. Los argumentos para incluirlo en la lista patrimonial de la UNESCO destacan la integración de una gran cantidad de edificios y funciones en un ensablaje arquitectónico articulado que incluye obras maestras de la arquitectura moderna y las artes visuales tales como el Aula Magna con las “Nubes” de Alexander Calder, el Estadio Olímpico y la Plaza Cubierta.

Y es que si bien la Ciudad Universitaria de Caracas no puede considerarse por sí misma “bella”, sí es verdad que tiene una característica propia de su estilo constructivo, la funcionalidad y el uso inteligente del espacio y la distribución del mismo.

Plaza – UCV

En una ciudad tan arquitectónicamente disonante como Caracas, el campus de la UCV es uno de los pocos ejemplos de urbanismo con sentido.

La Universidad Central es motivo de orgullo de los caraqueños y casi una religión sectaria para sus alumnos y egresados.

La universidad empezó a edificarse en su emplazamiento actual en la década de los cuarenta del siglo pasado, cuando los ingresos provenientes de la explotación petrolera empezaban a llenar las arcas públicas venezolanas y los movimientos arquitectónicos de vanguardia avanzaban hacia su apogeo. Y ese es el problema de las grandes ciudades, el estilo arquitectónico que está de moda cuando son ricas es el que las marca de por vida. Barcelona tuvo una época de oro durante el auge del modernismo, Madrid floreció con los Austria y ciudades como Nueva York vieron crecer sus rascacielos de estilo decó en los años 20. Caracas fue el Dubai de los años 50. En esa época, los edificios brutalistas y de estilo bauhaus eran el pináculo de la moda arquitectónica.

Arquitectura y escultura – UCV

El complejo entero de la Ciudad Universitaria fue diseñado por el arquitecto franco-venezolano Carlos Raúl Villanueva y es considerado la obra cumbre de su carrera. Su construcción empezó en 1942 en una finca de las afueras del casco histórico de Caracas (que fuera propiedad en su día de la familia de Simón Bolívar). Este faraónico proyecto fue ideado con el fin de edificar un campus para la la Universidad Central, que hasta ese momento tenía su sede en el Convento de San Francisco, en el centro de la ciudad.

El vasto complejo, de 2 km² incluye más de cuarenta edificios y es considerado una de las más exitosas aplicaciones de la arquitectura moderna en Latinoamérica.

Escultura “Pastor de Nubes” y Biblioteca

Especial mención merece el Aula Magna, auditorio principal del campus considerada una de las salas con la mejor acústica a nivel mundial.

Aula Magna

Al final del recorrido, seguí sin ver la belleza del brutalismo de la universidad, pero lo que sí pude ver es que su valor no está en su estética, sino en lo que significa para los que la ven como un símbolo de orgullo.

About the Author

My name is Luis Cicerone. When I was little, I would walk around the house with an atlas in my hand. My rainy Sundays were spent memorising maps and capitals. At fifteen I did my first solo trip and since then I travel whenever I can. I work in travel marketing. I love photography, movies and cat videos.

3 Comments
 
  1. Granada Hasta en la Sopa 27 octubre, 2012 at 3:53 pm Responder

    No se porque razón pero no me lo imaginaba tan moderno y cosmopolita. Gracias por abrirme una nueva visión.

    Sinceras

  2. Adriana 20 octubre, 2012 at 2:08 am Responder

    Debo decir que me gustó mucho esta frase: “un incidente y la inutilidad del personal de recepción del hotel Meliá Caracas”. Creo que aún puedo escuchar tu grito de “No me lo puedo creer” en plena recepción y también puedo ver la sonrisa boba de la mujer. Pero lo bueno es que ha quedado la historia para contarla!!! La Universidad, tan querida, tan descuidada, pero todo un símbolo. Un abrazo, Luis!

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