Ayer volví a Oxford Street.

Hacía frío.

Llovía, por supuesto que llovía, es Londres.

Frenética, luminosa, mojada. Un ejército de paraguas coloridos chocaban entre sí, mientras sus portadores se miraban con indiferencia. Los menos precabidos buscaban las cornisas para evitar la casi perenne llovizna londinense. Yo no, yo iba por el medio de la acera, sin paraguas, sin capucha, pero con una sonrisa marcada en la cara.

Respiraba, mirando los escaparates como un niño en una tienda de caramelos, absorbiendo cada ornamento, cada ventana, cada friso que veía.

Y olía a Londres, a esa mezcla particular de vinagre y frituras, a moqueta, al perfume que emana de Debenhams, a la madera de los pubs.

No llevaba cámara, pero me daba igual, Oxford Street no se olvida.

Ayer volví a Oxford Street, y fue como si nunca me hubiese marchado.

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xixerone
Fundador de xixerone.com. Amante de los viajes y los gatos.