Si vais a Sofía durante tres o cuatro días no es obligatorio pasar el cien por cien del tiempo en la ciudad. El Monte Vitosha está a las afueras y dota a Sofía de un paisaje único entre las ciudades europeas. Vitosha añade a cualquier visita a la ciudad un toque de naturaleza y permite a los visitantes experimentar el espíritu de la ciudad de la misma forma que lo llevan haciendo los  habitantes de la ciudad durante más de un siglo.


Sofía es una ciudad que da para tres días, la oferta de ocio y de turisteo es amplia y variada. Hasta en su época más deprimente, a finales de los años 80, el escritor anglo-americano Bill Byrson llamó a Sofía “la ciudad más europea de todas”la Europa más pura, totalmente libre de la influencia norteamericana.


En los tiempos actuales tras la caída del muro de acero y el ingreso de Bulgaria en la Unión Europea, la resistencia a la absorción de cierta influencia de la cultura occidental puede estar obsoleta, si bien es verdad que en Sofía aún se puede experimentar el estilo de vida y el espíritu de las ciudades de Centroeuropa que desaparece rápidamente de otras capitales como Praga, Varsovia o Budapest.


Callejuelas adoquinadas que salen de los bulevares principales, poca iluminación nocturna, mansiones elegantes grises y dilapidadas; edificios modernos, gente (mezcla curiosa de yuppies, burócratas casposos, nuevos ricos y mendigos)que se apretuja para pasar entre los coches aparcados en las aceras; perros callejeros, basura, pequeñas tiendas que se caen de mugre, brillantes boutiques de moda, restaurantes oscuros, llenos de humo y olor a ajo; jardines abandonados, casas de té lujosas y bistrós de moda.


Añade los monumentos y museos de Sofía y el resultado es un viaje que pasa a veces por una travesía nostálgica por la Europa de antaño y a veces por una aventura emocionante, barata y cultural y gastronómicamente satisfactoria.
Pero, como dijese el escritor búlgaro Aleko Konstantinov, “salid de los cafés llenos de humo, las calles polvorientas, idos de la ciudad por unos días y venid aquí, a la altura de 2500 metros, sentid, al menos por una vez, una delicia pura y seréis transformados, mejorados, más saludables, más equilibrados, más felices”.

Hace 130 años estas palabras inspiraron un movimiento que nadie pensó que fuese posible: 400 búlgaros subieron al Monte Vitosha por la madrugada del 27 de julio de 1895 para ver el amanecer desde su cima a 2290 metros, convirtiéndose en el primer evento turístico organizado en la historia de los Balcanes.

Acerca de su hazaña, Kostantinov comentó sarcásticamente que consiguió que toda esa  gente subiese diciendo que el evento era sólo para “turistas EXPERIMENTADOS”, refiriéndose así a la tendencia de los búlgaros a fanfarronear.

El evento en Monte Vitosha marcó el comienzo de una nueva cultura, la de la necesidad de los ciudadanos de Sofía de mantenerse cerca de la naturaleza mientras su ciudad se expandía; cambió el estilo de vida de generaciones enteras y, actualmente, las personas que se consideran verdaderas sofiotas declaran orgullosamente su amor por la montaña.

Lo que pasa es que no es difícil amar a Vitosha una vez lo conoces. El parque, a solo 30 minutos del centro de Sofía, ocupa unos 260 kilómetros cuadrados y ofrece espectaculares vistas de la ciudad, además de ser el hábitat de distintas especies animales y vegetales.

Los alrededores de la montaña poseen además importantes monumentos arquitectónicos, entre los cuales destaca la Iglesia de Boyana, del siglo XII, y el Monasterio Dragalevski.  Alrededor se extienden las zonas residenciales más preciadas de Sofía: Boyana, Dragalevtsi, Simeonovo y Vladaya.

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