Por lo general, el caminar por las calles en cuadrícula de las ciudades americanas se hace más por obligación que por placer. Las amplias calzadas y aburridos edificios de las zonas populares hacen que llegar del punto A al punto B sea un suplicio interminable. Con razón, los estadounidenses utilizan el coche para llegar a todos los sitios. Sin embargo, el barrio cubano de Miami es una excepción a la regla: olores a comida, salsa y rumba retumbando en los locales de los que salen, además, conversaciones animadas en un castellano que para mis oídos era casi ininteligible, pero que condensaba todo ese salero y ese sabor caribeño que, aunque suene a cliché, tienen los cubanos.
Cómo llegar a Little Havana 
No es fácil moverse en transporte público en Miami. Mi hotel se encontraba en la zona de South Beach, a unos 8 kilómetros de distancia, y aún así tardé casi dos horas en llegar a la 8th Street, o como es conocida por la inmensa mayoría de habitantes de la zona la calle ocho o Pequeña Habana. El trayecto se realiza mediante autobuses e implica un transbordo en el Downtown. El recorrido es simple, si bien requiere un poco de paciencia:
Los autobuses C y 120 van desde South Beach hasta el Downtown, sólo hay que indicarle al conductor que te avise cuando llegues a Government Center Station o Flagler Street. Sorprendentemente, los conductores de autobús de Miami son súper amables y no tienen problema en explicarte cómo llegar a cualquier sitio. Una vez en la estación, habrás de buscar el bus 208, que sale de la parada ubicada en la 1st Street con 1st Avenue, frente a la comisaría inmensa. Una vez en el bus, cualquiera de los pasajeros o el conductor te indicarán dónde bajarte.
Qué esperar de la Pequeña Habana 

No nos engañemos, la Pequeña Habana es urbanística y estructuralmente un barrio americano, con calles rectas y organizadas, aceras limpias y bastante anodina en cualquier otro contexto. Lo que la hace especial es su gente, el empleo generalizado del castellano y la abundancia de locales con sabor latino. No vayáis al Little Havana esperando una réplica del encanto de la Habana Vieja y ni por asomo cometáis el faux pas de hablarle a un cubano exiliado sobre política, sobre todo si sentís simpatía por el comunismo o por la figura de Fidel Castro.
Política aparte, Little Havana es un barrio bastante colorido y lleno de opciones de ocio y restaurantes típicos cubanos y centroamericanos, así que la mejor opción es pasarse una mañana deambulando por las calles y sobre todo hablando con la gente, para después degustar algún plato tradicional en una de sus múltiples tascas, cantinas y cafeterías.

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xixerone
Fundador de xixerone.com. Amante de los viajes y los gatos.