Durante mi primer día en la ciudad de Miami, cuando por fin decidí salir del polo turístico de Miami Beach y explorar los tesoros escondidos de la zona del Downtown, el primer edificio en el que me fijé fue en una torre de unos 80 metros de altura que me resultaba extrañamente familiar.
Eran las 10 de la mañana y el sol estaba aún relativamente bajo. Desde donde yo me encontraba sólo veía una silueta a contraluz, un campanario, de base recta, coronado por una cúpula y una estatua, mis ojos me tenían que estar engañando, tenía que acercarme.Al final, mis ojos no me estaban engañando. Existe una Giralda de Miami, al igual que existe una en Sevilla. Al acercarme las diferencias empezaban a ser más claras, aunque no por eso el edificio me era más extraño.

Al acercarme pude descubrir un poco más sobre la historia de tan curiosa réplica.

La Freedom Tower es todo un icono en una ciudad en la que la mayoría de los monumentos históricos más relevantes apenas superan los 60 años. Construida en 1925, servía de sede al periódico Miami News newspaper, que se mudó en 1957 para ocupar otro edificio más moderno. En los años 60 la “Torre de la Libertad” pasó a ser un edificio público en el que se procesaban, documentaban y poveían servicios médicos a los miles de refugiados cubanos que llegaban a la ciudad huyendo del régimen castrista.

En los años 70 el edificio fue vendido varias veces y alojó distintas empresas.

En 1997 la Freedom Tower se convirtió en una institución que honraba a los exiliados cubanos y contaba con museo, biblioteca y sala de reuniones, además de ser la sede de la Cuban American National Foundation.

En el 2005 la torre volvió a manos públicas cuando el edificio fue donado al Miami-Dade College. Actualmente acoge exposiciones sobre la historia de la propia torre. A día de hoy hay una dedicada tanto a la imprenta original como al centro de refugiados que albergó en los años 60. También ha sido remodelada en tiempos recientes para organizar exposiciones itinerantes de maestros como Dalí o Goya.

Y aunque me sigo quedando con la Giralda de Sevilla, ¡qué arte tiene la de Miami!

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