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Siempre me ha fascinado el folklore de los lugares que visito. Las tradiciones locales, sus cuentos y leyendas ayudan a entender de una forma amena y cercana el carácter de las personas que habitan un lugar, su historia y su cultura.

Esta es la historia de Tchanches, un guerrero del Sacro Imperio Romano cuya vida le convertiría en la marioneta más famosa y el personaje más querido de Lieja, Bélgica.

Cuenta la leyenda que Tchanches vino al mundo un 25 de agosto de 760 de una forma bastante poco ortodoxa, surgió de entre la separación de dos adoquines del pavimento en el barrio liejense del “Outre-Meuse”, el barrio popular de Lieja.

Los que lo encontraron se sorprendieron mucho al oírle cantar canciones de taberna desde el primer día. Era un bebé regordete y con cara de pan y una perenne sonrisa. No le gustaba el agua, así que su padre lo alimentaba con galletas sumergidas en ginebra y arenques ahumados.

Como muchos personajes predestinados a la fama, Tchanches tuvo que pasar por momentos difíciles. Se dice que el día que fue bautizado, cayó de bruces contra la pila bautismal y se cuenta que su nariz estuvo monstruosamente hinchada el resto de su vida.

Pobre como era, se cuenta también que durante su infancia se vio forzado a comerse una herradura para saciar su hambre. La herradura se atascó en su garganta y solo le permitía girar la cabeza de derecha a izquierda.

Minusválido y acomplejado por su inmensa nariz, Tchanches se fue voluntario a participar en las cruzadas, donde se convirtió en un héroe y a su vuelta fue recibido con honores en su barrio al otro lado del río. Este evento le enseñó que a pesar de la fealdad, uno puede ser amado por su sentido común y amable cordialidad. Fue así como Tchanches se convirtió en príncipe popular de “Outre-Meuse”.

Un buen día, caminando a orillas del Mosa, se encontró con Roland, sobrino de Carlomagno, de quien se haría inseparable compañero.

Curiosas historias y leyendas hablan de la buena relación entre Tchanches y el mismísimo Carlomagno.

La capacidad como guerrero de Tchanches se le atribuía a su nariz. Se decía que su inmensa tocha le hacía invencible. Incluso se dice que la muerte en batalla de Roland se debió a la ausencia de Tchanches, quien no se encontraba cerca para defenderlo.

Después de una convulsa pero rica vida, Tchanches murió a los 40 años por causa de la gripe española. Fue enterrado en la “Place de l’Yser” en Lieja, donde se erigió una estatua en su honor.

Tchanches es tomado como ejemplo para definir a los verdaderos “hombres de Lieja”, obstinado, con sentido del humor, testarudo, sencillo y muy independiente, pero al mismo tiempo, de gran corazón y siempre dispuesto a luchar por una buena causa.

About the Author

Me llamo Luis Cicerone. Cuando era pequeño me paseaba por casa con un atlas en la mano. Mis domingos lluviosos transcurrían memorizando mapas y capitales. A los quince años hice mi primer viaje en solitario y desde entonces viajo cada vez que puedo. Trabajo en marketing turismo en una agencia de viajes online como International Manager para el Medio Oriente y África. Me encanta la fotografía, las películas en versión original y los vídeos de gatos en Youtube.

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