El tren es el medio de transporte más barato para moverte dentro de Grecia, si bien no es el más rápido ni el más higiénico ni el más eficiente; pero yo soy un friki de los trenes confeso, por lo que en mi última visita a Grecia (hace escasos 7 días) no pude perder la oportunidad de descubrir el país heleno subido en una traqueteante reliquia de los años 70 que hace el recorrido desde la estación ateniense de Larissa hasta Tesalónica, atravesando algunos de los parajes más impresionantes de la península de los Balcanes.Para alguien acostumbrado a moverse en tren por Europa Occidental, las estaciones griegas me parecieron especialmente desorganizadas, anticuadas y caóticas. Es muy recomendable presentarse un par de horas antes para comprar el billete ya que las máquinas vendedoras son inexistentes y las colas en las ventanillas son interminables. Como es de esperar, los funcionarios de la compañía ferroviaria griega (OSE) tienen un inglés limitado y un mal genio equiparable al de los dioses del olimpo.

La Odisea

El día de nuestro tren, después de habernos personado en la estación la noche anterior para que nos confirmasen los horarios y la existencia de un descuento para menores de 26 años, el can Cerbero de turno nos dijo que el tren por el que habíamos preguntado la noche anterior no existía y que no le daba la gana de aplicarnos el descuento, que los 28 euros los pagábamos enteros, porque sí, designio de los dioses.

Haciendo gala de mi mejor talante pregunté por qué, la respuesta fue You pay normal fare, con hincapié en el “you”. Después de repetir la pregunta unas cuantas veces obteniendo la misma respuesta, sin aditivos ni colorantes, pero subiendo el tono hasta llegar a chillarme, llegó el momento de mis dotes no tan diplomáticas (creo que entre la indignación me acordé de su madre en la lengua de Cervantes, además de mencionar las palabras fucking shit, incompetent y third-world, en orden aleatorio); Después intercambiamos acaloradamente insultos en griego, inglés y español, y me amenazó con una grapadora y golpes en el mostrador mientras yo seguía sin moverme del sitio en la cola, aunque estaba claro que no me iba a vender un billete, ni con descuento ni sin descuento.

Pasaron segundos, aunque parecieron horas, hasta que llegó el otro funcionario, quien muy amablemente nos hizo el billete y nos aplicó el descuento sin ningún tipo de problema y hasta con una sonrisa mientras a su compañero le carcomía la ira a pocos metros, si es que hay de todo en la viña del Zeus.

Bajado el calentón y guardados los tridentes, sólo quedaba esperar el tren que nos llevaría hasta Tesalónica, corazón comercial, ferroviario y civilizado de una Grecia que se presentaba demasiado pasional para mi gusto.

Del Partenón al Olimpo

El tren llegó a la hora, y partió a la hora, serpenteando perezosamente por los pueblos que conforman el interminable laberinto que es Atenas hasta que se despeja la vista de edificios suburbanos y casas ajardinadas y empiezas a ver la agreste campiña ática.

Al salir de Atenas, la línea discurre dirección norte hacia Lamia pasando por el Parque Natural Monte Párnaso, que es claramente apreciable desde kilómetros a la redonda los días en que las nubes no anidan en su cima. Patria de los Artistas y morada de las musas y de Apolo, para los griegos, el Monte Párnaso era un lugar simbólico de veneración muy especial. Con casi 2500 metros de altura, la montaña es una de las más altas del país y sus cumbres, que yo ví nevadas, ofrecen una alternativa al saturado Parque Natural del Monte Olimpo para practicar senderismo o incluso esquiar.

A partir de aquí, el terreno se hace más montañoso y se atraviesan numerosos túneles y viaductos que ofrecen vistas espectaculares de valles y colinas mientras la ciudad de Lamia languidece en el fondo.

El siguiente coloso que se nos cruzará será la montaña más famosa del mundo (con perdón Everest). Para la mitología griega el Olimpo era el hogar de los dioses olímpicos, los principales dioses del panteón griego, presidido por Zeus. Los griegos creían que en él había mansiones de cristal en la que moraban los dioses. Como en la antigua Grecia, a partir de su fama, la palabra olimpo significa en español, lo más alto entre lo más alto, al igual que los dioses olímpicos eran los mejores entre los dioses griegos.

Lo que poca gente sabe sobre el “monte” Olimpo es que no es un monte, sino una cordillera entera formada por varios picos; el más alto es el Miticas con 2919 metros de altura.

La Macedonia sin frutas

A partir de este punto entramos ya en la región de Macedonia, una de las más ricas e industrializadas del país, y giramos al este hacia Salónica, que nos recibe por poco tiempo, ya que en ese momento decidimos coger otro tren hacia Skopje, en la Antigua República Yugoslava de Macedonia, Macedonia para los amigos, pero eso ya es otra historia, o mejor dicho, otro post.

4 Comments
 
  1. Celeste 8 abril, 2014 at 7:06 pm Responder

    Muchas Gracias por la informacion! Estoy por viajar a Grecia y me será de mucha ayuda tu experiencia. Saludos!

  2. Luis Cicerone (@xixerone_) (@xixerone_) 24 enero, 2012 at 2:31 am Responder

    Nueva entrada en el blog: Viajando en tren por Grecia: de Atenas a Tesalónica http://t.co/ZPJMNXjD #viajes #turismo

  3. Anonymous 23 enero, 2011 at 11:49 pm Responder

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  4. Edmundo 4 enero, 2011 at 7:45 pm Responder

    Excelente propuesta para unas aventureras vacaciones en Grecia, país tan rico en historia, considerada por muchos como la madre de la cultura de occidente. Además, realizar una larga travesía en tren es, además de una experiencia imperdible, como pasar unas vacaciones viajando en verdaderos hoteles sobre rieles, claro que sin todas las comodidades que un hotel puede ofrecer, aunque un hotel tampoco puede ofrecer estar presente en tantos lugares, desde un mismo lugar…Muy recomendado para darse el gusto.

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