En los siglos XVI y XVII, en pleno apogeo de la Inquisición Española, los juicios por brujería eran un acontecimiento bastante habitual. El proceso más famoso y documentado de este tipo de tribunales fue el llevado a cabo en 1609 en Logroño contra siete mil personas, en su mayoría mujeres vascas, imputadas por brujería, convirtiéndolo en el proceso inquisidor más ambicioso de toda ºla historia de España.
Si bien Logroño no es una ciudad vasca, durante el siglo XVII era la sede del tribunal de la Santa Inquisición bajo cuya jurisdicción se encontraba el País Vasco, así como la Rioja, Navarra y el norte de Castilla.
Entre los acusados no sólo había mujeres, sino también niños y hombres, incluidos sacerdotes acusados de curar con nóminas (amuletos en los que se grababa el nombre de santos) y hierbas.
Como era habitual en estos casos, las denuncias eran abundantes. Alonso de Salazar Frías regresó a Logroño con “confesiones” de casi dos mil personas, de las cuales mil trescientos ochenta eran niños de entre siete y catorce años. Estas confesiones implicaban a más de cinco mil personas.
Al mismo tiempo, se iniciaban procesos por brujería en Hondarribia, a diez kilómetros de Zugarramurdi, en contra de presuntas brujas que lanzaban maleficios contra criaturas vivas y que se reunían en aquelarres guiadas por un macho cabrío. Según explican los testigos, el diablo era conjurado en lengua gascona y en vasco.

En el País Vasco, donde la lengua proporcionaba un escudo más fuerte para la conservación de las tradiciones ancestrales y frente al control de la Iglesia, las matronas y herboristas tenían una función muy importante, además de un alto estatus social, al ser poseedores de una gran sabiduría popular que no encajaba con la que pregonaba la autoridad; de aquí el recelo especial que causaban en la iglesia inquisidora de los siglos XVI y XVII.

El fondo y las circunstancias que desencadenaron estos eventos no son nuevos para nosotros. Sin tener en cuenta la parte esotérica y mística, podemos clasificarlo como un caso más de conflicto y persecución en consonancia con la época en la que se desarrolla: la Iglesia Católica persiguiendo las costumbres populares antiguas para imponer su propia ideología.
Se dice que las brujas de Zugarramurdi se reunían en el prado de Akelarre (“Prado del Macho Cabrío” en vasco). De allí viene la palabra actual aquelarre, que en tiempos modernos ha derivado al equivalente Sabbat de brujas. El pueblo de Zugarramurdi posee hoy en día el museo de la brujería, en el que se recuerdan los horribles acontecimientos del siglo XVII y en el que la memoria de las víctimas es dignificada.

One Comment
 
  1. Luis Cicerone (@xixerone_) 4 septiembre, 2012 at 7:45 am Responder

    Las brujas de Zugarramurdi http://t.co/88B3Z3mC
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